¿Sabéis eso de que los niños vienen con un pan bajo el brazo? La verdad es que nunca he entendido de donde viene lo del pan, pero yo estoy segura de que vine con varias cosas (curiosa de nacimiento): en un brazo llevaba una paleta de colores. En el otro, una partitura.  No sé que es lo que hace que te decantes por unas cosas u otras, pero de lo que sí estoy segura es de que no pude elegir mejores compañeros de viaje. ¿Porqué?

Os contaré la historia de una niña soñadora, nacida en Valencia (dato relevante porque la luz de esta ciudad es muy característica y nos proporciona una gama de colores muy particular) y que al ser la pequeña de tres hermanos fue heredando todo lo que a sus hermanos ya no les servía. Un ejemplo: su maletín de lápices colores. ¿Sabéis cuantos azules tenía? ¿La cantidad y tipos de lápices de colores que habían en ese maletín? Pero ese maletín le descubrió que nunca dos azules eran el mismo, y que tener azules de tipos distintos le ayudaba a crear nuevos tonos de azules… Y así infinitamente.

La niña fue creciendo, y aunque no se daba cuenta, seguía pintando y dibujando cuando el resto de sus amigos habían dejado de hacerlo. Para ella no era sólo un pasatiempo, sino una forma de adentrarse en nuevos mundos, de plasmar con imágenes las historias que tanto le gustaban leer. Se convirtió en una constante para ella, aún cuando fue descubriendo nuevas formas de expresar lo que había en esos mundos… la música, por ejemplo. Fue cómo si algo que estuviese dormido dentro de ella despertase un día “Papá, mamá, quiero tocar el violoncello”. Puede que no sea el instrumento más conocido, pero esa decisión le marcaría mucho más de lo que ella pudo llegar a pensar, y es que dicen que es el instrumento que más se parece a la voz humana, por tanto ¿os imagináis poder hablar con sólo 4 cuerdas? ¿Os imagináis poder expresar todo lo que llevas dentro rascando un arco sobre unas cuerdas, básicamente, metálicas? La niña soñadora no lo sabía en ese momento, pero acaba de unir sus dos grandes pasiones y esa unión acabaría por convertirse en su eterna investigación, en su constante búsqueda de una conjunción perfecta entre lo musical y lo plástico.

Y aquí es cuando vuelvo al inicio. Evidentemente la niña soñadora soy yo. Me presento, Laia Lleonart. Aparte de eterna soñadora e incansable buscadora de lugares de ensueño repartidos por el mundo, soy licenciada en Bellas Artes, con un Master en Producción Artística, también graduada en estudios musicales con la especialidad de violoncello y visual merchandiser durante varias horas al día. Cómo habéis podido adivinar en la gran mayoría de mi trabajo, la música es una constante: o forma parte explícitamente de la obra, o bien la obra está basada o inspirada en algún tema relacionado con lo musical.

Pero aparte de la música, que aunque es mi musa más recurrente, hay otro patrón que siempre está, o al menos, intento que sea mi sello de identidad: cuento una historia. Puede que sea con letras o puede que sea sólo con los trazos de la acuarela. Puede que esté representando una canción, o intentando plasmar lugares nuevos que he ido descubriendo (o mejor dicho, mi propia visión de esos lugares). Pero intento que en mis ilustraciones siempre haya algo que contar, o que las personas puedan descubrir en ellas su propia historia, ¿O no sería precioso que de una misma imagen varias personas entendiesen o percibiesen cosas diferentes? Ese increíble y mágico momento en el que mi pequeño mundo interior deja de ser mío y cada persona lo acaba percibiendo según su propia experiencia.

Todavía guardo todos esos lápices de colores que fui heredando de pequeña, me recuerdan que mi sueño empezó hace mucho tiempo y que estoy recorriendo un camino de continuo aprendizaje, pero con siempre con la misma meta, aunque no del mismo modo. Al final, y casi sin darme cuenta, he ido creando pequeños mundos, planetas de un mismo universo, algunos de ellos incluso con pequeños satélites. Cada uno tiene su propio lenguaje, su propia forma de expresarse, y aún así todos son parte de un todo.

Te invito a navegar por este universo y que encuentres en alguno de estos mundos (que también forman parte de mí) una historia, un cuento, un lugar, una canción o simplemente un sentimiento que también forme parte de ti.

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